Aunque no podía cambiar mi diagnóstico, sí podía empezar a preguntarme de qué manera quería acompañar a mi cuerpo en ese proceso.
Aun sin querer aceptar del todo mi diagnóstico de Artritis Reumatoide, empecé a investigar. Necesitaba sentir que podía hacer algo por mí, además de seguir las indicaciones médicas. Así fue como me acerqué a distintas alternativas complementarias y comencé a poner mucha más atención en mis hábitos, especialmente en mi alimentación.
Empecé a llevar un estilo de alimentación más limpio, más puro, más enfocado en vegetales y en los beneficios que estos pueden aportar al cuerpo. El tema del azúcar añadida ya lo venía trabajando desde años atrás, pero ahora todo cobró más sentido. Empecé a mirar la comida no solo como nutrición, sino también como apoyo.
Y, sorprendentemente, encontré en la cocina un gran alivio.
Haciendo combinaciones, probando ingredientes y siendo más consciente con lo que elegía comer, fui notando una mejoría en mis articulaciones. No podía dejar los medicamentos, pero sí logré reducir las dosis. Los dolores disminuyeron y la rigidez matutina duraba menos. Para mí eso ya era muchísimo.
Sé perfectamente que no todos los diagnósticos son iguales y que no todo se resuelve a través de la comida. Sería irresponsable decirlo así. Pero también sé que no es mentira el impacto que pueden tener nuestros hábitos en cómo nos sentimos.
Este proceso empezó hace unos tres años y desde entonces sigo este estilo de vida. No lo vivo desde la perfección, sino desde el equilibrio. Porque también aprendí que comer de esta manera no siempre es fácil y que a veces puede sentirse incómodo, especialmente en la convivencia social. Durante un tiempo eso me pesó mucho. Después entendí que no quería vivirlo desde la culpa.
Hoy disfruto mi alimentación cuando puedo y, cuando me toca salir o compartir algo distinto, tampoco convierto ese momento en sufrimiento. Trato de evitar al máximo la comida procesada; esa es la única regla que procuro conservar siempre. Fuera de eso, busco un balance realista y sostenible.
Este camino también despertó en mí un deseo nuevo: seguir estudiando, formarme más y, ojalá pronto, iniciar una licenciatura en nutrición y prepararme como coach en hábitos saludables.
Porque cuando una atraviesa momentos difíciles y encuentra algo que le ayuda de verdad, también nace el deseo de compartirlo con otros.
No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de encontrar pequeñas formas de cuidarnos mejor, con amor, con paciencia y con honestidad. 🌸


